El ministro Federico Sturzenegger destacó las nuevas alternativas para firmar documentos de manera remota. Qué es la firma digital, en qué se diferencia de la firma electrónica y por qué empieza a masificarse.
“Ya no es necesario ir a firmar un contrato”. Con esa frase, el ministro de Desregulación y Transformación del Estado, Federico Sturzenegger, resumió el cambio que, según el Gobierno, comienza a consolidarse en torno a la firma digital en Argentina.
En un extenso mensaje publicado este martes en su cuenta de X, el funcionario invitó a “explorar tanto las alternativas de firma electrónica como las digitales para tu operación comercial o personal” y aseguró que hoy “ya no es necesario ir a firmar un contrato (por ejemplo, un contrato de alquiler), lo hacés por una de estas vías y ya”.
El posteo no fue casual. Llega en un contexto en el que la firma digital empieza a dar un salto en accesibilidad gracias a los cambios regulatorios que habilitaron la emisión remota de certificados digitales y a la aparición de nuevas plataformas, tanto públicas como privadas, que permiten obtenerlos sin necesidad de concurrir personalmente a una oficina.
Además, Sturzenegger anticipó una novedad: afirmó que “en unas semanas” el Colegio de Escribanos de la Ciudad de Buenos Aires habilitará una plataforma gratuita y de acceso universal para realizar firmas ológrafas en formato digital.

El funcionario también recordó que el Decreto 743/2024 modificó el régimen de la Ley 25.506 de Firma Digital al permitir que los certificados digitales puedan emitirse de manera remota, un cambio que eliminó uno de los principales obstáculos para su adopción masiva.
En paralelo, comenzaron a aparecer nuevas propuestas para facilitar el acceso a esta tecnología. Una de ellas es FID (Firma Instantánea Digital), la plataforma lanzada por Lakaut, una Autoridad Certificante licenciada, que ofrece un certificado digital en la nube con vigencia de dos años y un paquete inicial de cinco firmas gratuitas.
“El Pack Cero permite acercar la firma digital a más personas y organizaciones, eliminando una de las principales barreras de acceso: el costo inicial”, explicó a TN Tecno Daniel Raskin, gerente general de Lakaut.
¿Qué es la firma digital?
La firma digital no es una imagen escaneada de una firma manuscrita ni tampoco consiste simplemente en escribir el nombre al final de un documento. Se trata de un mecanismo criptográfico que utiliza un certificado digital emitido por una autoridad certificante para vincular de manera segura la identidad del firmante con un documento electrónico.
Según explica el Gobierno nacional, este sistema garantiza tres aspectos fundamentales: la autenticidad de quien firma, la integridad del documento —es decir, que no fue modificado después de la firma— y el llamado “no repudio”, que impide que el firmante desconozca posteriormente su autoría.
Firma digital y firma electrónica: ¿en qué se diferencian?
Aunque suelen confundirse, la firma electrónica y la firma digital no son lo mismo.
La firma electrónica puede consistir en aceptar un contrato con un clic, escribir el nombre al pie de un documento o dibujar una firma sobre una pantalla. Tiene validez legal, pero si alguna de las partes la desconoce, será necesario aportar pruebas para acreditar su autenticidad.
La firma digital, en cambio, utiliza un certificado emitido por una autoridad certificante licenciada y la legislación argentina le otorga una presunción de autoría e integridad. En otras palabras, si alguien cuestiona la firma o sostiene que el documento fue alterado, deberá aportar pruebas que respalden esa afirmación.
“Muchas personas la confunden con la firma electrónica, pero no son lo mismo. La firma digital cuenta con un certificado emitido por una autoridad certificante y ofrece mayores niveles de seguridad, integridad y respaldo legal, ya que permite verificar quién firmó y asegurar que el documento no fue alterado”, señaló Raskin.
¿Para qué sirve?
La firma digital puede utilizarse para firmar una amplia variedad de documentos, entre ellos:
- contratos de alquiler;
- acuerdos comerciales;
- documentación laboral;
- autorizaciones;
- contratos entre particulares;
- trámites administrativos;
- procesos de incorporación de empleados (onboarding).
No obstante, algunos actos jurídicos continúan requiriendo otras formalidades previstas por la legislación, como la escritura pública o la intervención de un escribano.
Según Raskin, la herramienta está pensada para cualquier persona que necesite firmar documentos de manera segura y con validez legal. “Puede ser utilizada por profesionales independientes, estudiantes, emprendedores, comerciantes o cualquier persona que necesite resolver trámites o acuerdos cotidianos de forma más simple, rápida y remota”, afirmó.
¿Por qué recién ahora empieza a masificarse?
Si bien la Ley 25.506 reconoce la firma digital desde 2001, durante años su adopción fue limitada porque obtener un certificado implicaba realizar trámites presenciales y, en muchos casos, utilizar dispositivos físicos conocidos como tokens.
Ese escenario comenzó a cambiar con la posibilidad de emitir certificados digitales de forma remota y almacenarlos en la nube.
A esto se suma una mayor oferta de alternativas. En su publicación, Sturzenegger mencionó opciones como el sistema gratuito de la Provincia de Córdoba, además de plataformas privadas como Lakaut, Encode y Digilogix. El futuro lanzamiento del Colegio de Escribanos porteño también apunta a ampliar el ecosistema de herramientas disponibles para ciudadanos y profesionales.
Para Raskin, además de los costos, todavía existe otra barrera importante. “Hoy uno de los principales obstáculos es el desconocimiento sobre qué es la firma digital y cuáles son sus beneficios”, sostuvo.
El ejecutivo considera que la posibilidad de acceder a un certificado sin costo puede acelerar la adopción de esta tecnología. “Con el Pack Cero buscamos reducir esas barreras y acercar la firma digital de forma masiva, universal y gratuita a todas las personas físicas en Argentina, para que pueda incorporarse a la vida cotidiana de más personas”, concluyó.
Con una normativa más flexible, nuevas opciones para obtener certificados de manera remota y una creciente oferta de servicios, la firma digital empieza a perfilarse como una herramienta cada vez más habitual para reemplazar al papel en contratos, trámites y acuerdos cotidianos.
