Messi, Mbappé y Haaland cuidan su rendimiento entre suplementos, hidratación y cargamentos de comida traídos desde sus países
Mientras la pelota sigue rodando en los cuartos de final del Mundial, detrás de escena hay una batalla igual de intensa que se libra en la mesa. Cada gramo de comida, cada suplemento y cada sorbo de bebida isotónica está calculado con la misma precisión que una jugada ensayada, porque en el fútbol de élite el rendimiento ya no se juega solo en el entrenamiento: se juega también en el plato.
“Hay suplementos para dar energía que se toman antes del partido, otros para hidratación que se toman durante y otros después, para recuperarse”, explicó la nutricionista española Bárbara Sánchez, presidenta de la Asociación de Dietistas-Nutricionistas de Equipos de Futbol Español (ADNEFE), sobre el circuito que siguen los jugadores durante un torneo de este calibre.
La especialista remarcó además que su uso está generalizado: “es muy habitual en deportistas de élite, en todas las disciplinas”. Entre lo más consumido aparecen los geles de hidratos de carbono para el momento previo al partido y la creatina, que se toma casi todo el año para ganar fuerza y ayudar a la recuperación muscular. También se sumaron los polémicos preparados de vinagre —o directamente wasabi o mostaza— que varios jugadores usan ante los calambres, ya que el ardor genera una respuesta neuronal que corta la contractura casi al instante.
Un cargamento de comida noruega cruzó el Atlántico
Uno de los casos que más ruido generó en este Mundial fue el de Noruega, que sigue con vida en el certamen gracias al doblete de Erling Haaland ante Brasil. El cuerpo técnico decidió no arriesgarse con cambios bruscos de dieta y envió cerca de una tonelada de alimentos hasta Estados Unidos: salmón y pescado blanco, el tradicional queso brunost y miles de naranjas, además de un cocinero exclusivo para todo el torneo.
Lejos de ser un capricho, la decisión responde a un criterio médico: los especialistas coinciden en que modificar de golpe la alimentación durante una competencia de alta exigencia es un riesgo que ningún equipo quiere correr.

Lo que comen los que todavía están en carrera
Haaland sostiene su físico con un menú que roza las 6.000 calorías diarias: huevos, pan de masa madre y café con leche por la mañana, y en el almuerzo, salmón o dorado a la parrilla con arroz y verduras, sin dejar afuera la lasaña casera que le prepara su padre antes de cada partido en casa.
Del otro lado, Kylian Mbappé —con Francia ya entre los cuatro mejores— apuesta por seis comidas diarias sin alcohol ni azúcares procesados: huevos duros con palta o avena con manteca de almendras para arrancar, wraps de pollo o atún al mediodía y cenas con arroz integral, verduras al vapor y pescado.
Y después está Messi, que dejó atrás la comida chatarra de sus primeros años y hoy sigue un plan armado por el nutricionista italiano Giuliano Poser, basado en agua, aceite de oliva, cereales integrales, frutas, verduras, frutos secos y batidos de proteínas, con las harinas y los azúcares refinados bien controlados.
Ninguno de estos regímenes es intercambiable entre sí: lo que funciona para un delantero de gran volumen como Haaland sería completamente distinto para un jugador de perfil más técnico como Messi.
Lo que sí comparten todos es el mismo mensaje de fondo que remarcan los nutricionistas deportivos: constancia, disciplina y planificación, sin atajos ni fórmulas mágicas, para llegar en las mejores condiciones a la instancia que verdaderamente importa.
