Una nueva investigación científica determinó por qué el estrés frena la digestión

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El hallazgo puede servir para tratar a quienes se constipan bajo presión.

A todos nos pasó alguna vez: un problema, un susto o una mala noticia, y la panza se cierra como un puño. Cuesta ir al baño, hay hinchazón y esa sensación de “nudo en el estómago” que no es solo una forma de hablar.

Ahora un grupo de científicos encontró, paso a paso, qué pasa adentro del cuerpo cuando eso ocurre, y por qué a algunas personas les cuesta mucho más que a otras solucionar la situación.

Qué encontraron los científicos

El intestino tiene su propia red de nervios, tan grande y compleja que muchos médicos la llaman “el segundo cerebro”. Esa red puede manejar la digestión sola, sin que el cerebro de arriba tenga que dar ninguna orden. El problema es que también recibe señales de estrés, y ahí es donde empiezan los líos.

Según el nuevo estudio, publicado por un equipo del Beth Israel Deaconess Medical Center, en Boston, y ligado a la Universidad de Harvard, cuando el cuerpo libera hormonas de estrés se corta la comunicación entre las células del intestino. Es como si se cortara un cable: el mensaje de “seguí moviéndote” no llega, y todo se enlentece. Los científicos identificaron el mensajero químico exacto que se ve afectado, una sustancia con nombre técnico (BDNF) que actúa como una especie de llave que destraba el movimiento intestinal.

“Este estudio identifica la biología básica que explica por qué el estrés ralentiza el tránsito intestinal y crea una plataforma a través de la cual se pueden generar y probar nuevas terapias para tratar el estreñimiento asociado al estrés”, explicó Srinivas N. Puttapaka, investigador de la Facultad de Medicina de Harvard que trabajó en el estudio. Dicho de otra forma: encontraron por qué pasa y, con eso, un camino concreto para tratarlo.

Por qué esto le importa a tanta gente

Esto no es un dato de laboratorio sin consecuencias. El síndrome de intestino irritable con constipación es uno de los problemas digestivos más comunes, y en Argentina afecta a casi 12 de cada 100 personas, según estudios locales de gastroenterología. Mucha de esa gente ya sabía, por experiencia propia, que los nervios le juegan en contra en el baño. Lo nuevo es que ahora hay una explicación biológica concreta detrás de esa sensación.

En Argentina, casi 12 de cada 100 personas conviven con el intestino irritable. (Foto: Adobe Stock)
En Argentina, casi 12 de cada 100 personas conviven con el intestino irritable. (Foto: Adobe Stock)

“En conjunto, esto demuestra que TrkB es una diana terapéutica importante para mejorar la motilidad gastrointestinal en pacientes con trastornos de la interacción intestino-cerebro, como el SII-E”, afirmó Subhash Kulkarni, investigador principal del estudio en el mismo centro médico. En criollo: encontraron el punto exacto del cuerpo donde se podría actuar con un remedio para destrabar el intestino cuando el estrés lo frena.

Qué viene ahora

En el laboratorio, los investigadores lograron reactivar ese mecanismo con una sustancia que estimula la vía afectada, y el movimiento intestinal volvió a la normalidad en los experimentos. Todavía falta un buen trecho para que esto se convierta en una pastilla de farmacia, pero marca un camino concreto para futuros tratamientos.

Mientras tanto, lo que ya se sabe sigue valiendo: manejar el estrés, tomar líquido, sumar fibra y moverse un poco ayuda a que el intestino no se resienta tanto. Pero, al menos, ahora hay una explicación clara de por qué los nervios se sienten también en la panza, y no solo en la cabeza.

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