En la última emisión de Otro Día Perdido (eltrece), Mario Pergolini sorprendió al revelar detalles de su infancia y los pequeños robos que cometió cuando era chico. Junto a Soy Rada y Evelyn Botto, compartieron anécdotas cargadas de humor y nostalgia sobre travesuras que, con el tiempo, se transformaron en recuerdos imborrables y en lecciones de vida.
Pergolini relató un episodio ocurrido en Villa Gesell en 1984, cuando, siendo adolescente, se animó junto a un grupo de amigos a llevarse una lata de tomate de un supermercado.
El conductor reconoció que, aunque el paso del tiempo le permite mirar la situación con humor, el arrepentimiento lo acompañó siempre. “Me arrepentí toda mi vida”, aseguró, y recordó especialmente el día en que su madre descubrió que tenía un billete de cincuenta pesos que no le pertenecía.

La mujer lo llevó de la mano a la casa de la vecina Elba para que devolviera el dinero y confesara el hecho, una experiencia que describió como profundamente vergonzosa y que, según él, le dejó una marca para siempre: “No tendría que haberlo hecho”.
Las historias de Rada y Evelyn: robos por desconocimiento y travesuras de chicos
Durante la charla, Evelyn Botto contó que su primer “robo” fue por desconocimiento: en un local de ropa, se llevó un bolso grande que el comercio entregaba a los clientes para transportar la ropa mientras compraban. “Ahí es cuando robás sin saber, porque te faltaba la información”, explicó, y remarcó que muchas veces los chicos cruzan la línea sin intención de hacer daño.
Rada, por su parte, recordó entre risas cómo, en un viaje a Estados Unidos, se llevó un muñeco grande de Mickey Mouse de un parque temático después de sacarse una foto. “Lo tengo en casa todavía”, admitió, mostrando cómo algunos objetos robados terminan convertidos en recuerdos anecdóticos.
El humor y la honestidad atravesaron toda la conversación, pero también apareció el arrepentimiento como un sentimiento común. Pergolini fue contundente: “Todo el mundo ha robado algo”. Por su parte, sus compañeros coincidieron en que, aunque estos episodios sean habituales, la vergüenza y la culpa suelen aparecer después. “Está mal, está mal”, subrayó Evelyn, haciendo hincapié en la conciencia ética que se desarrolla con el tiempo.
El rol de los padres y el aprendizaje a partir del error
Las historias personales incluyeron no solo el acto de robar, sino también la reacción de los adultos al descubrirlo. En la mayoría de los casos, la intervención de los padres fue clave para que los chicos entendieran la gravedad de sus acciones.
Rada relató que, tras robar un juego de mesa de una juguetería cercana a su casa, su madre lo obligó a devolverlo en persona y confesar ante la dueña del local.
“Agarrás vos y se lo devolvés”, le ordenó, obligándolo a enfrentar la vergüenza y la responsabilidad. Evelyn, en tanto, recordó cómo, a los ocho años, se llevó una figura de Pikachu de un supermercado porque su familia no podía comprársela.
Fue descubierta por el personal de seguridad y, aunque no avisaron a su madre, la angustia y el miedo la marcaron para siempre. “Por favor, no le cuentes a mi mamá”, rogó en ese momento.
