El avance de los demócratas en el Capitolio podría encerrar nuevas dificultades en la agenda bilateral. El escenario del “impeachment”. La clave del viaje a China.
En las elecciones del 2024 en Estados Unidos buena parte del oficialismo mexicano festejo la derrota de Kamala Harris bajo el entendimiento de que la relación con Donald Trump sería amena, similar a la que existió en su primer mandato con Andrés Manuel López Obrador. Eran días de tensión con Joe Biden por la captura de Ismael “Mayo” Zambada y el corte del diálogo con el entonces embajador Ken Salazar.
En las primeras semanas de enero del 2025, al interior del gabinete de Claudia Sheinbaum, ya se hizo evidente que el cálculo había sido equivocado: en su regreso a la Casa Blanca, Trump tardó casi nada en declarar a los cárteles de la droga como grupos terroristas y se inició una batería de demandas hacia México que incluía la persecución de políticos de la 4T, el endurecimiento del vínculo comercial mediante aranceles y la advertencia permanente de una potencial incursión militar en territorio mexicano para atacar instalaciones del crimen organizado.
Ante el resultado electoral de este martes, según cuentan en Palacio Nacional, la presidenta ha llamado a la cautela y la instrucción hacia diversas terminales del gabinete es la de evitar cualquier tipo festejo o congratulación que pueda generar efectos no deseados en Washington.
La presidenta no acepta la lógica de que el triunfo demócrata favorece a su gobierno. Cree que los demócratas son más institucionales y ordenados que el caos recurrente del movimiento MAGA pero no asume ese rasgo como algo necesariamente favorable para sus intereses.
Ya con el control del Capitolio, los demócratas están en condiciones de emprender acciones concretas sobre la lucha anti-drogas de Trump en México que podrían resultar incomodas para la 4T, especialmente si el destino de este giro es el de trasparentar ciertos asuntos espinosos de la estrategia bilateral contra el fentanilo.
Sheinbaum tiene muy presente que el gobierno de Biden fue contundente al momento de deportar ciudadanos mexicanos, aunque sin incurrir en los modos brutales del ICE. También registra los reclamos en materia de uso del agua en la frontera y las determinaciones de corte comercial, aduanero y de transporte aéreo.
Un mantra que se escuchaba en la tarde del martes en Palacio: los demócratas son más previsibles, no van a bombardear nuestro territorio, pero eso no quiere decir que no habrá dificultades.
Tampoco agrada ese escenario que comienza a aparecer en la prensa estadounidense de que el presidente Trump ha quedado expuesto a un juicio político: una caída del presidente dejaría en el poder a JD Vance, que ha expresado en reiteradas ocasiones un sentimiento anti mexicano.
En el sexenio anterior, cuando Trump quedaba expuesto a reveses electorales o turbulencias políticas, López Obrador utilizaba la estrategia de mostrar sintonía con Estados Unidos: esta misma lógica asoma por estas horas y en el entorno de Sheinbaum no descartan una reunión bilateral con Trump en China en el próximo viaje presidencial para participar del Foro de Cooperación Económica Asia-Pacífico (APEC)
