La temporada de pesca quedó bajo una lluvia de críticas, hubo bronca por la fiscalización, denuncias por abandono en servicios básicos y crece el malestar en una localidad donde vecinos aseguran que “pasa de todo, pero no se soluciona nada”.
Yapeyú vuelve a quedar en el centro de la polémica, esta vez por una temporada de pesca que dejó más reclamos que festejos y expuso, según vecinos y participantes, una serie de errores, improvisaciones y falta de respuestas que alimentan el malestar general en el pueblo.
De acuerdo a los cuestionamientos planteados, la actividad pesquera sufrió una fuerte caída en comparación con el año pasado, con menos movimiento, menos participantes y un impacto que se sintió de lleno en toda la localidad. Para muchos, lo que debía ser una fiesta terminó convertida en una muestra del desorden y la falta de planificación.
Uno de los puntos más calientes fue la fiscalización. Pescadores denunciaron conflictos con quienes debían controlar la actividad, señalando demoras, falta de conocimiento y decisiones que generaron indignación. Entre las críticas, mencionaron que se sacaba gente del agua sin explicaciones claras y que hubo actuaciones que, lejos de ordenar, terminaron aumentando la bronca.
Pero la pesca no fue el único foco del enojo. En Yapeyú también crecen las quejas por la falta de apoyo municipal en distintas actividades del pueblo. Uno de los casos que generó comentarios fue el de una joven que ganó una elección de reina de manera online y, pese a representar a la localidad, no habría recibido el acompañamiento esperado.
Como si eso fuera poco, también se recordó el incendio de un Fiat Uno blanco en la zona del camping, un episodio que dejó expuesta otra preocupación. Según lo relatado, un turista fue quien logró apagar el fuego, mientras que los bomberos no habrían llegado al lugar, aumentando la sensación de abandono y desprotección.
La escasa concurrencia a una cena local también fue tomada como una señal del cansancio social. Para muchos vecinos, ya no se trata de hechos aislados sino de un deterioro general que se refleja en cada actividad, en cada reclamo y en cada servicio que no logra estar a la altura.
Las críticas también golpean al hospital local, donde aseguran que la atención sigue siendo insuficiente y recae sobre muy pocos profesionales. En educación, la situación no sería mejor: denuncian aulas chicas, falta de comodidades y un retroceso que preocupa a las familias.
Así, Yapeyú atraviesa un momento delicado. La bronca crece, los reclamos se acumulan y la sensación en la calle es cada vez más fuerte: el pueblo está cansado de promesas, de errores repetidos y de una realidad que, lejos de mejorar, parece empeorar
