Mayo empieza con una fecha marcada en rojo para el Gobierno: el jueves 14, cuando el Indec difundirá el índice de precios al consumidor (IPC) de abril. La Casa Rosada necesita que el dato confirme una desaceleración inflacionaria respecto del mes previo, que fue de 3,4% En un esquema en el que las expectativas juegan un papel central, ese número puede resultar determinante para sostener el rumbo económico.
Convencido de que la tendencia será favorable, Javier Milei ratificó esta semana su estrategia. El martes expuso en la Fundación Libertad y, al día siguiente, en Expo EFI, donde reiteró un mensaje que viene repitiendo con dureza: “La economía argentina está en una etapa de transición y el que no se adapta, quiebra”. Para despejar dudas, agregó que “todo depende de los empresarios”. La definición implica que el modelo vigente no contempla asistencia estatal para el sector privado.
En la misma línea, el ministro de Economía, Luis Caputo, volvió a señalar que la inflación de abril fue menor que la de marzo y que los indicadores empiezan a mostrar signos positivos. Las consultoras privadas acompañan ese diagnóstico: las principales estimaciones ubican la suba de precios del cuarto mes del año entre 2,5% y 2,9%, por debajo del 3,4% registrado el mes previo.
Algunos datos de actividad también aportan señales en esa dirección, aunque con matices. La Unión Industrial Argentina (UIA) informó que en marzo la industria creció 3,6% interanual y 5% respecto de febrero.
Sin embargo, el rebote es heterogéneo y mantiene una dinámica a dos velocidades o en “K”: conviven sectores de bajo empleo y fuerte expansión con otros urbanos, más intensivos en mano de obra, pero de desempeño débil. Además, la base de comparación es baja, ya que enero y febrero suelen estar atravesados por paradas técnicas, vacaciones y una menor cantidad de días hábiles. Por eso, el resultado de abril aparece como un dato clave para confirmar la tendencia. Hasta ahora, el sector más dinámico sigue siendo el petrolero.
En el plano sindical, el Gobierno tampoco enfrenta una presión significativa. La movilización convocada por la CGT tuvo una convocatoria menor a la esperada y el triunvirato decidió no avanzar con un paro general. Uno de sus integrantes, Jorge Solá, planteó públicamente que la estrategia pasa por construir una alternativa política.
Mientras tanto, el Ejecutivo suma medidas para contener la inflación. Si el mes pasado promovió un acuerdo con petroleras para moderar el precio de los combustibles, ahora intervino sobre las tarifas de agua: las facturas de AySA tendrán un tope del 3% mensual, por debajo del esquema previo (4% de alza por mes).
Además, volvió a postegar otro mes el grueso de la actualización de impuestos a los combustibles (por inflación acumulada en 2024 y 2025), que se trasladan de manera directa a los precios finales de la nafta y el gasoil. A diferencia de abril, cuando había aplazado toda actualización, esta vez aplicó un alza de 0,5% en ese gravamen.
En paralelo, el dólar mostró un leve movimiento al alza, aunque sin impacto visible en los precios. La suba marginal responde, por un lado, a un menor incentivo para el carry trade tras la baja de tasas de interés y, por otro, a la intención de estimular a los exportadores a liquidar divisas en el contexto de una cosecha récord. En el Gobierno descartan que este comportamiento tenga efectos inflacionarios.
Adorni vuelve a escena

En este contexto, el vocero presidencial, Manuel Adorni, retomará el lunes su agenda habitual. Encabezará su conferencia de prensa matutina. Los periodistas acreditados volverán a ingresar a la sala de la Casa Rosada, que había sido cerrada la semana pasada por primera vez. En el Ejecutivo consideran que lograron superar el momento más complejo y buscan retomar el control de la agenda pública.
Esa percepción se reforzó tras la sesión del jueves en la Cámara de Diputados, donde Adorni presentó su informe de gestión como jefe de Gabinete. El encuentro fue organizado por el presidente del cuerpo, Martín Menem, quien acordó con sectores de la oposición una dinámica específica: preguntas en bloque, respuestas agrupadas, pausas para ordenar las contestaciones y la decisión de evitar cruces directos. El esquema permitió un desarrollo sin sobresaltos, en el que el funcionario pudo exponer con tranquilidad.
Milei asistió con todo su gabinete para respaldarlo y, sobre todo, para exhibir cohesión frente a la oposición. El Presidente buscó mostrar fortaleza política y dejó en claro que está dispuesto a confrontar. Incluso difundió un video con música de Rocky, en un gesto de tono épico. Así, desactivó las versiones que ponían en duda la continuidad de Adorni y transformó una situación de debilidad en una señal de respaldo.
De cara a la próxima conferencia, no se esperan cambios sustanciales en la dinámica: es probable que el vocero mantenga el mismo nivel de respuestas que ofreció ante los diputados. En ese juego, se reafirma una lógica clásica: el funcionario responde y los periodistas preguntan.
Esa idea también estuvo presente en otro escenario. El martes, en la Embajada de los Países Bajos, se celebró el Día del Rey. Allí, el embajador Mauritz Verheijden elogió el rumbo económico del Gobierno y subrayó un valor compartido entre ambos países: la libertad, incluida la libertad de prensa. En su discurso, destacó que el rol del periodismo es formular preguntas y ejercer críticas incisivas, una definición que dialoga con el clima político local en un momento clave.
