Explosión política en Resistencia. La sesión que debía tratar el polémico proyecto vinculado a los llamados “trapitos” terminó cayéndose por falta de quórum y dejó al oficialismo municipal envuelto en bronca, tensión y fuertes cuestionamientos políticos.
El gran apuntado por distintos sectores fue el presidente del Concejo, Alejandro Aradas, quien quedó en el centro de las críticas tras el fracaso legislativo.
Puertas adentro del recinto y también en los pasillos políticos, el clima fue de máxima tensión.
Porque el oficialismo esperaba avanzar con una iniciativa que venía impulsando con fuerza, pero la falta de acuerdos y las ausencias terminaron haciendo estallar la sesión.

Y la bronca se hizo sentir.
Desde distintos sectores opositores cuestionaron el tono confrontativo con el que se manejó el debate previo y acusaron al oficialismo de intentar imponer medidas sin el consenso necesario para tratar un tema social tan delicado.
Además, varios dirigentes aprovecharon el episodio para volver a criticar el estilo político de conducción dentro del municipio y del Concejo, señalando actitudes “autoritarias” y una creciente dificultad para construir diálogo político real.
Mientras tanto, vecinos de Resistencia siguen reclamando soluciones concretas frente a problemas de inseguridad, trabajo informal y desorden urbano que hace años forman parte del debate público en la ciudad.
Porque detrás de la discusión sobre los “trapitos” también existe un problema social mucho más profundo:
desocupación, precarización y ausencia de políticas reales de contención e inclusión.
La caída de la sesión dejó expuesta una fuerte interna política y un oficialismo golpeado que no logró reunir los votos ni la presencia necesaria para sostener una discusión que consideraba prioritaria.
Y ahora el interrogante es inevitable:
¿fue solamente una falta de quórum o una señal política mucho más grande dentro del propio espacio gobernante?
