Originaria del sudeste asiático y cada vez más presente en recetas, infusiones y productos naturales, empezó a llamar la atención del mundo wellness.
El pandan dejó de ser un ingrediente casi secreto de la cocina del sudeste asiático para empezar a aparecer en búsquedas sobre bienestar, descanso y digestión. Se lo conoce como Pandanus amaryllifolius, y sus hojas largas y verdes tienen un aroma muy particular, a medio camino entre la vainilla, el arroz perfumado y un dejo herbal. Ese perfil explica buena parte de su fama: no solo se usa para dar sabor a postres, arroces, curries y bebidas, sino también en infusiones y extractos que se promocionan como aliados contra el estrés.
La comparación con la vainilla sirve para describirlo, pero no es del todo exacta. El pandan no es una especia ni una esencia clásica de repostería occidental, sino una hoja aromática comestible reconocida incluso en listados internacionales de hierbas culinarias, como los del Codex Alimentarius. Su aroma característico se asocia sobre todo con el compuesto 2-acetil-1-pirrolina, el mismo que también está detrás del perfume del arroz jazmín y del basmati.
Lo que empujó su popularidad reciente no es solo el sabor. En redes y en notas de bienestar empezó a circular como una planta “natural” para dormir mejor, deshincharse o incluso ayudar a controlar el azúcar en sangre. El problema es que no todos sus supuestos beneficios tienen el mismo respaldo científico.
Qué beneficios tiene y cuáles todavía están en estudio
La mejor manera de mirar al pandan hoy es sin entusiasmos exagerados. Una revisión científica publicada en 2024 señaló que esta planta reúne compuestos bioactivos y que, en estudios de laboratorio y en modelos experimentales, mostró actividad antioxidante, hipoglucemiante y antimicrobiana. También hay trabajos que analizaron su potencial antiinflamatorio.
Ese dato es interesante, pero no alcanza para afirmar que tomar té de pandan cure problemas digestivos, trate la diabetes o reemplace un abordaje médico. En el caso del control de la glucosa, por ejemplo, uno de los estudios más citados encontró efectos sobre mecanismos vinculados con la absorción de azúcar, pero se trata de evidencia preliminar. Todavía faltan ensayos clínicos robustos en personas que permitan hablar de beneficios confirmados en la vida real.
Algo parecido ocurre con su fama de relajante. En la medicina tradicional del sudeste asiático, se lo usa desde hace tiempo en preparaciones caseras para calmar el cuerpo y favorecer el descanso. Sin embargo, hoy no hay pruebas clínicas sólidas que permitan decir que el pandan, por sí solo, funciona como tratamiento para el insomnio. Lo más razonable es pensar que su aroma agradable y el ritual de una infusión caliente pueden colaborar con un momento de relajación, pero no que se trate de una solución comprobada para dormir.
Por qué el sueño volvió tan atractiva a esta planta
El furor alrededor del pandan también se entiende por contexto. Dormir mal es un problema muy extendido. El NHLBI, uno de los institutos de los NIH de Estados Unidos, advierte que dormir es una necesidad biológica básica y recuerda que alrededor de uno de cada tres adultos reporta no descansar lo suficiente. A su vez, los CDC señalan que dormir menos de siete horas por noche se considera sueño insuficiente en adultos.

Con ese telón de fondo, cualquier ingrediente asociado a la calma gana atractivo enseguida. Y el pandan tiene a favor algo que otros productos de moda no siempre logran: una historia culinaria real. No apareció en una cápsula ni en un suplemento importado, sino en platos tradicionales de Tailandia, Malasia, Indonesia y otras cocinas de Asia, donde se usa para perfumar arroz, leches, salsas y postres. Ese recorrido le da una legitimidad cultural que va más allá del marketing wellness.
Eso no significa que haya que idealizarlo. Como pasa con muchos ingredientes naturales, una cosa es incorporarlo a la cocina y otra muy distinta es atribuirle propiedades terapéuticas concluyentes. El paso de “planta tradicional” a “solución para la salud” suele ser más rápido en redes que en la ciencia.
Cómo se usa y qué conviene tener en cuenta
En la práctica, el pandan suele consumirse como hoja fresca, congelada, seca, en pasta o en extracto. En cocina se puede agregar a una olla de arroz, a una preparación con leche de coco o a un jarabe para postres. También se usa en infusión. Una de las recetas más conocidas es el arroz glutinoso con leche de coco, pandan y mango, una combinación clásica de la cocina tailandesa.
Para quien quiera probarlo, la recomendación más sensata es tratarlo como lo que hoy realmente es: un ingrediente aromático interesante, con usos tradicionales y con estudios prometedores, pero todavía lejos de ser un tratamiento validado para el insomnio, la ansiedad o la glucosa alta. Si una persona tiene problemas persistentes para dormir, síntomas digestivos frecuentes o diabetes, lo importante sigue siendo consultar y no reemplazar controles por remedios caseros.
Tal vez esa sea la mejor noticia sobre el pandan. No hace falta inflarlo para que resulte atractivo. Alcanza con entender qué ofrece de verdad: perfume, sabor, tradición y una puerta de entrada amable a hábitos más calmos. En tiempos de cansancio crónico, ya es bastante.
