El Tesoro acumula en el año 1.475 millones de dólares, consolidando una estrategia de financiamiento que, además de contribuir a la acumulación de reservas, permite afrontar vencimientos sin recurrir al mercado internacional.
En materia de inflación, las noticias no fueron favorables. En marzo, los precios subieron 3,4 % mensual, consolidando diez meses consecutivos de aceleración desde el piso de 1,5 % registrado en mayo de 2025.
Los precios minoristas acumulan así un alza promedio de 9,4 % en el primer trimestre del año, por encima del 8,6 % del mismo período de 2025. Si bien hay factores puntuales, la inflación subyacente ya corre a una velocidad de crucero del 2,5 %, por encima de los mínimos del año pasado.
Aunque en abril se cortaría la aceleración inflacionaria observada desde mayo, retomándose el sendero de desinflación, lo más probable es que 2026 termine con una inflación similar a la de 2025.
Entre las divisiones, “Educación” encabezó las subas (12,1 %), seguida por “Transporte” (4,1 %) y “Vivienda, agua, electricidad y otros combustibles” (3,7 %). Sin embargo, la mayor incidencia correspondió a “Alimentos y bebidas no alcohólicas” (+3,4 %), que explicó casi el 30 % de la variación mensual, con “Carnes y derivados” nuevamente con un guarismo significativo (+7 %). “Regulados” fue la de mayor incremento (5,1 %), lo que traccionó a los servicios hacia una suba de 4,2 %, frente al 3 % de los bienes.
La inflación Núcleo, por su parte, continuó escalando: pasó de 2,6 % en enero a 3,1 % en febrero y a 3,2 % en marzo, llevando el promedio móvil de tres meses al 3 % —equivalente a un 42 % anualizado—. La aceleración de los últimos meses no debe minimizarse. Aunque en gran parte refleja shocks puntuales —tarifas, carnes y combustibles—, la Núcleo, incluso depurada del efecto carne, también muestra una tendencia creciente desde los mínimos de 2025.
Hoy ese desafío luce más arduo dada la erosión del poder adquisitivo, lo que presionará las negociaciones salariales al alza.
El frente financiero
El Tesoro logró nuevamente un rollover superior al 100 %, con tasas en baja, mientras que la compresión del riesgo país volvió a ubicar la curva hard-dollar en rendimientos de un dígito. En paralelo, el BCRA flexibilizó los encajes con el objetivo de reducir las tasas activas, en un contexto donde será clave que el crédito reactive la actividad.

La primera licitación de abril enfrentaba vencimientos por más de $8 billones, que fueron previamente reducidos en $0,5 billones mediante un canje entre el Tesoro y el BCRA. En este escenario, el Tesoro logró un rollover del 127 %, adjudicando $9,9 billones.
Del total colocado, más del 44 % se concentró en la única Lecap ofrecida —con vencimiento en agosto— a una tasa de 26,8 % TIREA, una de las más bajas de la actual gestión. El 22 % se destinó a instrumentos CER con vencimientos en 2028 y 2029, manteniendo la estrategia de extender duration —que volvió a alcanzar los 14 meses, al igual que en la licitación anterior—, mientras que el resto se colocó en TAMAR y dólar linked.
En paralelo, se volvieron a ofrecer bonos hard-dollar (AO27 y AO28), adjudicándose USD 250 millones en cada caso. Las tasas se ubicaron en 5,12 % y 8,51 %, respectivamente, con niveles de demanda elevados, lo que confirma el apetito del mercado por este tipo de instrumentos.
Con estas colocaciones, el Tesoro acumula en el año USD 1.475 millones, consolidando una estrategia de financiamiento en dólares que, además de contribuir a la acumulación de reservas, permite afrontar vencimientos sin recurrir al mercado internacional. Además, la curva de bonos hard-dollar —tanto ley local como extranjera— volvió a operar con rendimientos de un dígito tras la fuerte compresión del riesgo país —casi 100 puntos en lo que va de abril—, impulsada por la distensión del conflicto geopolítico.
El lado monetario
El BCRA avanzó en una nueva flexibilización de encajes tras la revisión del FMI. Se destaca la reducción de la integración diaria mínima del 75 % al 65 % (desde niveles del 95 % en 2025), la eliminación de restricciones de plazos para la utilización de bonos como encajes y la ampliación del universo de activos elegibles.
En síntesis, hacia adelante la inflación debería retomar su senda descendente. Una demanda interna débil y una política monetaria contractiva presionarán a la baja. De esta manera, 2026 cerraría con una inflación similar a la de 2025, en la zona del 30 %.
En el plano financiero, el objetivo implícito es favorecer una compresión de las tasas activas y, a través de este canal, impulsar la recuperación del crédito. Será clave que esta mayor liquidez se traslade al costo del financiamiento y permita recomponer la actividad económica, que aún se encuentra muy resentida, para transitar con mayor solidez los próximos meses.
(*) Federico Pablo Vacalebre es profesor de la Universidad del CEMA.
