Los dermatólogos advierten que la mala alimentación y la genética no son los únicos factores que hacen estragos en el organismo.
Pasar largas horas frente a la computadora o haciendo zapping tirados en el sofá no solo es perjudicial para la circulación sanguínea y la salud en general sino que la piel también sufre porque, más de cuatro horas de sedentarismo pueden producir o empeorar el acné.
Lo mismo puede ocurrir si además remoloneamos para ir a la cama y sobre todo, a partir de las once de la noche, según indicó un estudio realizado en Shenzhen, China, con casi 12.000 participantes evaluado por dermatólogos.
Por el contrario, la práctica regular de ejercicio moderado o relativamente intenso se asocia con una reducción aproximada del 14% del riesgo de padecer esta afección cutánea.
Según contó en el reciente Congreso Nacional de la AEDV la dermatóloga española Almudena Nuño, por un lado, el sedentarismo se asocia a un aumento de la inflamación del organismo y a alteraciones metabólicas con peor sensibilidad a la insulina, factores que pueden influir en una enfermedad inflamatoria como el acné. Por otro, hacer poco ejercicio también puede afectar al estado emocional, aumentar el estrés y empeorar el descanso.
“Sabemos que el estrés y la falta de sueño pueden influir en las hormonas, la inflamación y la producción de grasa en la piel. Por tanto, probablemente intervienen ambos factores: la salud física y la salud emocional”, explicó. De manera que el ejercicio reduce marcadores inflamatorios, mejora el perfil metabólico y regula mejor las hormonas relacionadas con la piel.
Trasnochar, letal para la piel
Ser sedentario no es el único hábito que nos hará tener más granos, también irnos tarde a la cama puede empeorar las formas más severas de acné. Irse a dormir a deshora altera los ritmos circadianos y la falta de descanso influye en la regulación endocrina, en la inflamación y en el equilibrio cutáneo.
Además, según Nuño: “Durante la noche la piel realiza muchos procesos de regeneración. Cuando dormimos poco, mal o con horarios muy irregulares, estos procesos pueden verse alterados”. Es decir, no solo importa cuándo dormimos, sino también cómo.

“Importan la calidad y la regularidad. Por ejemplo, dormir muchas horas, pero acostarse muy tarde o con horarios muy variables, no siempre equivale a un buen descanso biológico. Para una piel sana, lo ideal es tratar de dormir horas suficientes y con horarios relativamente estables”, añadió la dermatóloga.
Fuerza y cardio: lo mejor para la piel
“Los ejercicios aeróbicos, como caminar rápido, correr, nadar, bailar o andar en bicicleta, y el entrenamiento de fuerza pueden ayudar porque mejoran el metabolismo, reducen el estrés, favorecen un mejor descanso y pueden disminuir la inflamación del organismo”, explicó la especialista. Además, dijo que lo más importante no es el tipo de ejercicio concreto, sino practicar uno que resulte agradable y sostenible en el tiempo. También, es importante la regularidad en el movimiento para una piel homogénea.
La evidencia apunta a que el beneficio está sobre todo en realizar actividad física constante, indicó Nuño: “En algunas personas, un ejercicio extremadamente intenso, mantenido y acompañado de estrés físico importante puede tener efectos negativos sobre hormonas e inflamación. Lo recomendable para la mayoría de la población es mantenerse activo de manera constante, varias veces por semana y con una intensidad adaptada a cada persona”.
Lógicamente, también influye cómo tratemos la piel una vez terminado el entrenamiento. “Mejor hacerlo sin maquillaje, especialmente en pieles con tendencia al acné y, si hacemos deporte al aire libre, es preferible usar fotoprotectores. Al terminar, conviene limpiar el rostro para retirar el sudor, grasa y residuos y evitar permanecer muchas horas con ropa sudada o muy ajustada, porque la humedad y la fricción favorecen las lesiones cutáneas”.
