Aunque suele manifestarse con sequedad en los ojos y la boca, esta patología puede afectar distintos órganos.
El 23 de julio se conmemora el Día Mundial del Síndrome de Sjögren. La fecha está destinada a visibilizar una enfermedad autoinmune crónica que afecta a millones de personas en el mundo, pero que continúa siendo poco conocida y, muchas veces, subdiagnosticada.
El síndrome de Sjögren ocurre cuando el sistema inmunológico ataca por error las glándulas que producen lágrimas y saliva. Como consecuencia, aparecen síntomas como ojos secos, sensación de arena, boca seca y dificultad para tragar o hablar durante períodos prolongados. Sin embargo, la enfermedad puede ir mucho más allá y comprometer articulaciones, pulmones, riñones, sistema nervioso y otros órganos.
Los especialistas advierten que el diagnóstico suele demorarse varios años porque muchos de sus síntomas se atribuyen al estrés, el envejecimiento o a otras enfermedades.
Mucho más que sequedad en los ojos y la boca
Si bien la sequedad ocular y bucal es la manifestación más frecuente, el síndrome de Sjögren también puede provocar un cansancio intenso que no mejora con el descanso, dolores articulares y musculares, inflamación de las glándulas salivales, alteraciones en la piel, dificultad para concentrarse y fatiga persistente.
La enfermedad afecta principalmente a mujeres, especialmente entre los 40 y los 60 años, aunque puede aparecer a cualquier edad y también presentarse en hombres.

Existen dos formas de la enfermedad: el síndrome de Sjögren primario, cuando aparece de manera aislada, y el secundario, cuando se asocia a otras enfermedades autoinmunes, como la artritis reumatoide o el lupus.
El diagnóstico suele requerir la evaluación conjunta de reumatólogos, oftalmólogos, odontólogos y otros especialistas, además de estudios específicos para detectar autoanticuerpos y valorar el funcionamiento de las glándulas.
El diagnóstico temprano mejora la calidad de vida
Aunque actualmente no existe una cura, sí hay tratamientos que permiten aliviar los síntomas, prevenir complicaciones y mejorar significativamente la calidad de vida.
Entre las medidas más utilizadas, se encuentran las lágrimas artificiales, sustitutos de saliva, una adecuada hidratación, controles odontológicos frecuentes y medicamentos que ayudan a controlar la respuesta del sistema inmunológico cuando existen manifestaciones más severas.
Además, los especialistas recomiendan evitar el tabaquismo, mantener una buena higiene bucal, proteger los ojos de ambientes secos y consultar si la fatiga o la sequedad persisten durante varios meses.
