¿Amistades incondicionales?: una conversación con Lu Gaitán

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Son vínculos fundamentales en la vida de todos nosotros, pero a veces nos traen dolor y desilusión. ¿Sabemos cómo enfrentar la distancia, el desinterés, la incomodidad y la contradicción ?

“La amistad muchas veces salva vidas. ¿Pero qué pasa cuando esos vínculos empiezan a mostrar dimensiones que no son tan felices? ¿Qué nos sucede cuando aparecen las envidias, las rivalidades, las traiciones y las competencias?”, se pregunta Lu Gaitán, una reconocida politóloga y astróloga comprometida con su rol de interpelarnos como individuos en una sociedad en permanente transformación. A ella le interesa abordar nuevas preguntas e intentar responderlas desde la comunión de estos lenguajes para poner sobre la mesa conversaciones que necesitamos tener.

Es por eso que Lu Gaitán acaba de publicar Hola amiga (Ed. VR), su nuevo libro, en el que investiga sobre la amistad, sus conflictos, los duelos, la incondicionalidad y las desilusiones. “Entendí que había como una especie de vacío legal y yo necesitaba empezar a abordarlo”, afirma.

“Las contradicciones que emergen en la amistad están aún en el clóset y generan tensiones internas que son difíciles de reconocer y, más aún, de hablar. Para millones de personas, las amistades se están convirtiendo en las relaciones más importantes de la vida y es por eso que necesitamos empezar a hacerles su verdadero lugar”, afirma.

Conocemos a alguien con quien pegamos mucha onda y enseguida queremos poner a esa persona en un lugar de protagonismo en nuestras vidas.

En este episodio de Otras como yo, hablamos sobre las amistades que trascienden el tiempo y el espacio, las que se convierten en hermandad, las que están a un WhatsApp de distancia para darte una receta o para aconsejarte con las palabras justas que necesitás escuchar. También nos dedicamos a hablar de finales, de la falta de reciprocidad y de la admiración que se transforma en envidia. Como en cualquier relación de dos, en ocasiones necesitamos decir “no sos vos, soy yo”, “necesito un tiempo” y “fue lindo mientras duró”. Pero, en la amistad, muchas veces no nos atrevemos a poner una pausa explícita y mucho menos a pronunciar un final.

La amistad muchas veces salva vidas, pero ¿qué pasa cuando esos vínculos empiezan a mostrar dimensiones que menos felices? ¿Qué nos sucede cuando aparecen las envidias, las rivalidades, las traiciones y las competencias?

Lu Gaitán cree que la dificultad para poner en palabras la incomodidad que muchas veces atraviesan las amistades tiene que ver con la libertad intrínseca que nos promete el vínculo: un espacio seguro que no va a exigir nada y que nos permite siempre “ser como somos” y explica: “Cuando esto no sucede, “se empieza a generar una distancia con la otra persona y pensamos que, si no nos vemos durante un par de semanas, lo que nos molesta se va a resolver solo. Entonces nos volvemos evitativos, postergamos los encuentros y nos vamos desapareciendo sin poder hablar de lo que nos empieza a distanciar. Es por eso que los duelos de la amistad son muy largos. Muchas veces suceden a cuentagotas, sin una conversación de cierre. Se produce una especie de deserotización: algo se desengancha, se desmagnetiza”.

Ella asegura que en estos tiempos tendremos muchas más crisis de amistad porque estamos inmersos en una contradicción muy fuerte.

Por un lado, hubo una masificación del término hasta convertirlo en muletilla. “Le decimos amigo a cualquiera. En Argentina, la amistad es una especie de institución nacional que nos vuelve un pueblo muy cálido y receptivo, pero levantar esa bandera con personas que no conocemos del todo o con quienes, en realidad, no nos dimos la posibilidad de construir el vínculo nos trae frustraciones, decepciones y desengaños que no están elaborados colectivamente”, afirma.

“En los últimos tiempos hubo una especie de love bombing de la amistad. Conocemos a alguien con quien pegamos mucha onda y enseguida queremos poner a esa persona en un lugar de protagonismo en nuestras vidas. Esto sucede por distintos motivos. Algunas personas somos muy entusiastas, otras se sienten muy solas y muchas más necesitan encontrar rápidamente nuevos vínculos de pertenencia. Cuando encontramos causas comunes o historias similares, solemos prometer cosas que luego no podemos sostener. El vínculo de amistad también necesita construcción, más allá de que sintamos una gran afinidad”, explica Lu Gaitán, quien desarrolla estos conceptos también en su podcast Lucía y sus gemelas, que recomiendo escuchar para descubrir muchas dimensiones interesantes de este tema y muchos más.

El vínculo de amistad también necesita construcción. (Foto: Magnific)
El vínculo de amistad también necesita construcción. (Foto: Magnific)

En nuestro episodio, que también puede escucharse en Spotify, trae otra reflexión muy cierta y acorde con estos tiempos: “Es necesario que pensemos también si realmente tenemos capacidad para generar intimidad con muchas personas a la vez. Cuando a esa pregunta le sumamos la forma de vida que tenemos, la crisis, las exigencias, la salud mental en estado crítico, las angustias existenciales y el mundo apocalíptico, esa capacidad disminuye por completo. La mayoría de las veces no tenemos sistema nervioso para sostener tantos vínculos porque apenas nos podemos acompañar a nosotros mismos”.

Lu Gaitán está convencida de que necesitamos empezar a devolverle a la amistad su jerarquía e implicancia, porque es uno de los vínculos más importantes de nuestra vida. “Es importante que entrenemos ese músculo porque estas relaciones también tienen una dimensión política y es fundamental para la creación de dinámicas verdaderamente comunitarias y para habitar espacios en donde están incluidas personas con quienes compartimos más allá de nuestras diferencias”.

Cada vez somos más quienes sentimos que en nuestros amigos encontramos esa red que nos da soporte, nos da pertenencia, nos sostiene y también nos impulsa. “El vínculo de amistad, no solo porque es reparador, es regenerador”, afirma Lu Gaitán. Y junto a ella y a tantos más hacemos un llamado a habitar estos vínculos con responsabilidad afectiva, porque son nuestras amigas y amigos quienes terminan siendo, muchas veces, las relaciones más importantes de nuestra vida.

Que así sea.

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