El observatorio espacial Neil Gehrels Swift lleva más de dos décadas en funcionamiento, pero sin una corrección de su trayectoria podría caer en la atmósfera terrestre.
La NASA lanzó este fin de semana una misión robótica para evitar que el observatorio espacial Neil Gehrels Swift pierda su órbita y termine desintegrándose en la atmósfera terrestre antes de fin de año.
La operación, llamada Swift Boost, tiene como protagonista a LINK, una nave desarrollada por la empresa estadounidense Katalyst Space. Su tarea será acercarse al telescopio, inspeccionarlo, sujetarlo con tres brazos robóticos y empujarlo hacia una órbita más alta.
El lanzamiento se realizó el viernes 3 de julio desde el atolón Kwajalein, en las Islas Marshall. LINK viajó dentro de un cohete Pegasus XL de Northrop Grumman, que fue liberado desde el avión Stargazer a unos 12.000 metros de altura. Tras una breve caída libre, el cohete encendió sus motores y llevó la nave de servicio orbital al espacio.

La primera etapa de la misión fue exitosa: los equipos en tierra establecieron comunicación con LINK. Durante las próximas semanas, Katalyst Space realizará pruebas de sus sistemas de propulsión, sensores y navegación antes de iniciar el acercamiento al observatorio.
Swift lleva más de dos décadas en órbita y estudia estallidos de rayos gamma, algunas de las explosiones más energéticas del universo. La NASA busca extender su vida útil y, al mismo tiempo, probar una tecnología clave para el futuro: reparar, mover o prolongar misiones espaciales mediante naves robóticas.
Por qué la NASA necesita rescatar al telescopio Swift
El Neil Gehrels Swift Observatory fue lanzado en 2004 para estudiar estallidos de rayos gamma y otros fenómenos cósmicos de alta energía. Con el tiempo, se transformó en una herramienta de respuesta rápida para la astronomía: cuando ocurre un evento repentino en el universo, puede apuntar sus instrumentos y enviar información crítica a los científicos.
El problema está en su trayectoria. Como ocurre con otros objetos en órbita baja, la atmósfera terrestre genera una resistencia mínima que, con los años, reduce la altura de los satélites. La actividad solar reciente intensificó ese efecto sobre Swift y aceleró su descenso.
Sin una corrección, el observatorio podría caer hacia la atmósfera antes de fin de año. La misión Swift Boost busca llevarlo hasta una órbita cercana a los 600 kilómetros de altura, lo suficiente para extender su vida científica durante varios años.
La maniobra no es simple. LINK deberá localizar a Swift, acercarse con precisión, rodearlo, analizar posibles puntos de captura y acoplarse con tres brazos robóticos. Después comenzará el empuje gradual para elevar la órbita del telescopio.
El traslado completo podría durar entre 10 y 12 semanas. Luego, la NASA deberá reiniciar las operaciones del observatorio y recuperar sus capacidades científicas, un proceso que también puede llevar varias semanas.
Una prueba para el futuro del mantenimiento espacial
La misión tiene un costo estimado de 30 millones de dólares. El objetivo inmediato es salvar un observatorio valuado diez veces más que esa cifra y utilizado para estudiar estallidos de rayos gamma, supernovas, agujeros negros y otros eventos extremos.
También hay una lectura tecnológica más amplia. Si la operación funciona, demostrará que una nave comercial puede acercarse a un satélite científico en funcionamiento, capturarlo y modificar su órbita sin que ese observatorio haya sido diseñado originalmente para recibir asistencia.
Ese tipo de capacidad puede ser decisiva en los próximos años. Telescopios, satélites científicos y plataformas de observación suelen quedar limitados por combustible, fallas técnicas o pérdida de altura. Contar con programas de servicio permitiría extender misiones costosas sin construir reemplazos desde cero.
