Las rutinas y el miedo a la mufa atraviesan a millones de argentinos cada vez que juega la Albiceleste. Dos especialistas explican por qué las cábalas se potencian en los Mundiales, qué función cumplen y cuándo pueden convertirse en una dependencia.
En Argentina, el fútbol no se vive: se sufre, se goza y, sobre todo, se repite. Cada vez que la Selección se prepara para debutar en un Mundial, como ocurrirá este martes en Kansas, el país entero se transforma en un escenario de rituales, promesas y supersticiones. Las cábalas se convierten en un aliado necesario y el repertorio que las contiene puede ser amplio y disparatado a la vez. No moverse del sillón, ponerse la misma camiseta sin lavar, juntarse en la misma casa con las mismas personas y hasta privarse de ver el partido por miedo a “mufar” son conductas que se reproducen partido partido.
Pero, ¿por qué los argentinos, incluso los más racionales, caen en la tentación de repetir estos rituales? ¿Qué hay detrás de esa necesidad de controlar lo incontrolable? Para entender el fenómeno, TN consultó a dos especialistas de la Institución Fernando Ulloa: Rafael Arteaga (Licenciado en Psicología USAL, psicoanalista, docente y ex entrenador de rugby) y Nicolás Wade Jacobs (Licenciado en Psicología UBA, psicoanalista y docente).
El ritual como defensa: ¿por qué aparecen las cábalas en el Mundial?
Durante un Mundial, hasta el más escéptico puede terminar prendiendo una vela o repitiendo una rutina. Para Arteaga, esto tiene una explicación: “Cuando un sujeto ‘racional’ empieza a congelar su postura, lo que presenciamos es que el sujeto recurre al pensamiento mágico. El fútbol condensa un alto grado de contingencia y es allí cuando se apela al ritual, por la angustia que produce esa falta de garantías. El ritual es una defensa contra la angustia. Se intenta ‘mecanizar’ el azar”.
Wade Jacobs sumó a esta misma mirada que “el ritual en el fútbol aparece, por un lado, por la incertidumbre, pero también se ponen en juego muchas expectativas, anhelos y deseos”. Bajo esa lógica, “ya no es solo no saber qué puede ocurrir: también entra la cuestión de saber que hay algo que se puede perder; en este caso, un partido, la posibilidad de ganar la Copa del Mundo y la angustia que circula en los minutos o días previos a un partido se logra acallar en parte gracias a este tipo de prácticas que, desde ya, escapan a toda lógica y raciocinio”.

De generación en generación: cómo se construye una cábala colectiva
Las cábalas no son solo individuales: hay canciones, promesas, objetos y costumbres que se transmiten de padres a hijos, de amigos a amigos, de barrio en barrio. Para Wade Jacobs, “la incertidumbre y el deseo se sienten de forma singular, también tienen un punto que los une a la sociedad. Todo lo que rodea a la Selección en los Mundiales se fue construyendo a lo largo de los años, de generación en generación, de padre a hijo, de abuelo a nieto, de la familia al barrio. Compartir una cábala, como las familiares, responde a la necesidad de sentirse parte de una misma ceremonia. Es un encuentro que posibilita no solo lidiar con algo de esta angustia, sino también de sentir que somos parte de esa comunidad”.
Arteaga lo explicó desde el psicoanálisis: “Una sociedad no empieza a creer en una cábala por contagio místico, sino por la estructura de la identificación y la puesta en común de un objeto de goce. En el caso argentino, la narrativa de la épica, el sufrimiento y la pérdida compartida opera como un rasgo que unifica. La cábala colectiva (una canción como ‘Muchachos’) crea un código significante común. Creer en lo mismo no es una locura compartida, es la construcción de una trama simbólica que permite sostener un lazo social”.
Tradición, ansiedad y dependencia
Pero no todo es atribuible al folclore del fútbol argentino: en ocasiones, la cábala puede cruzar una línea y transformarse en una ansiedad o dependencia. “La frontera entre la tradición lúdica y la dependencia emocional está marcada por la angustia y la rigidez de la repetición”, explicó Arteaga. “Cuando la cábala se transforma en una dependencia, el ritual adquiere el valor de un síntoma neurótico estricto. El sujeto queda alienado en su práctica; si no cumple el ritual, es invadido por una culpa atroz y una angustia clínica real”, agregó.
Wade Jacobs estableció una diferencia: “La cábala tiene un recorrido puntual, inicia en determinado momento (comienzo de un partido o un penal) y se sostiene a sabiendas de por qué se sostiene. Más allá de lo irracional, aspecto que también comparte con algunas conductas obsesivas, la cábala está delimitada a una escena en particular, y mayormente se practica con otros, y si no se comparte, generalmente se la puede contar sin ningún problema, hasta incluso desde el humor. Una conducta obsesiva también aparece como defensa ante la angustia, pero la persona no tiene la menor idea del motivo. Lo único que aparece allí es algo así como ‘si no tal o cual cosa, ocurrirá una desgracia’. Y, en la medida que eso se acrecienta, genera cada vez más un malestar crónico, que es completamente distinto a la ‘tensión’ que se vive durante un partido”.
Los jugadores y sus rituales: caramelos, mates y objetos de fe
No solo los hinchas tienen cábalas: los propios jugadores de la Selección argentina también se aferran a sus rituales. El caso más famoso es el de los caramelos masticables que Leandro Paredes y Rodrigo De Paul comen en el círculo central antes de cada partido, una costumbre que nació en la Copa América 2021 y que no abandonaron más. Desde entonces, la Selección ganó la Finalissima, el Mundial 2022 y la Copa América 2024.

Wade Jacobs consideró que su explicación responde al mismo motivo: “Es un mecanismo que opera para lidiar con algo de eso que se nos escapa, que por más entrenamiento, práctica y profesionalismo que tenga un jugador, la angustia siempre se asoma ante la posibilidad de dar mal un pase, errar un tiro o lesionarse. Por eso es que los jugadores recurren a ellas. La cábala de los caramelos tiene, además, el condimento, no menor: es compartida con los hinchas. Algo que surgió en el seno de un grupo, se expandió y ya forma parte del folclore previo al inicio de un partido”.
“En la alta competencia, el rival cambia, el clima cambia, pero el ritual introducido en la temporalidad (hacer siempre lo mismo a la misma hora) produce una fijeza simbólica: un punto de apoyo subjetivo que da la ilusión de que ‘nada ha cambiado’ para introducir la ilusión de la constante. El ritual organiza el campo del deseo del deportista frente a la inminencia del vacío del rendimiento”, argumentó Arteaga.
En la Selección también hay otras costumbres: De Paul y Messi suelen tomar mate juntos y sacarse una foto con Chiqui Tapia los días de partido. y cada jugador tiene su propio objeto o imagen de fe, que los acompaña y les da confianza.
Cuando hay mucho para perder, las cábalas se multiplican
La Selección llega al Mundial 2026 con la presión de defender la corona lograda en Qatar 2022, lo que representa un campo fértil para la proliferación de los rituales. Arteaga afirmó que “definitivamente, las cábalas se recrudecen cuando hay una posición ganadora o ‘mucho que perder’. Para el psicoanálisis, el ser humano tolera mucho peor la inminencia de la pérdida del objeto (la copa) que el estado de privación constante (no ganar). Cuando Argentina no ganaba nada, la posición subjetiva colectiva era la de la queja melancólica o la resignación (‘siempre pasa lo mismo’). Había un saber trágico instalado. En cambio, al alcanzar el estatus de campeones, se reactiva el miedo a la pérdida de ese lugar. La neurosis se defiende duplicando las defensas. Cuanto más alto se está, más abismal se vuelve el vacío, de ahí que la necesidad de aferrarse a los rituales”.
Wade Jacobs coincidió en ese punto: “Cuando nos enfrentamos a la chance de una pérdida tan grande, la angustia se acrecienta a niveles inesperados, por eso, no es lo mismo el modo de llevar adelante una cábala en un partido de fase de grupos que en la final. No solo aparece más fuerte la cábala, también el autorreproche que le puede seguir. El título del 2022 fue algo que se esperó muchos años, se hicieron y desecharon cábalas, y hoy se repite un voto de confianza para estos rituales, con el acto de fe como articulador”.
El Mundial, la fe y el folclore argentino
Las cábalas forman parte del ADN del futbolero argentino. Son la manera en que hinchas y jugadores intentan domar la incertidumbre y alimentar la ilusión alrededor de uno de los pocos fenómenos capaces de generar una unidad inquebrantable: la Selección argentina.
