Con el apoyo inestimable del PRO y la UCR, el Gobierno blindó a Adorni en el Congreso

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La Cámara de Diputados volvió a ser escenario de una fuerte pulseada política que terminó, una vez más, con un desenlace favorable para el oficialismo. La sesión especial impulsada por la oposición para avanzar con la interpelación y una eventual moción de censura contra el jefe de Gabinete, Manuel Adorni, fracasó por falta de quórum y dejó expuesta una compleja trama de acuerdos, ausencias estratégicas y reproches cruzados en el Congreso.

A las 14.31, cuando venció el margen reglamentario de media hora adicional, el presidente de la Cámara baja, Martín Menem, dio por caída la sesión. Apenas 117 legisladores habían ocupado sus bancas, por debajo del mínimo de 129 requerido para iniciar el debate. Detrás del resultado hubo, según fuentes parlamentarias, una maniobra política tejida en las 48 horas previas entre el oficialismo y bloques aliados, que decidieron no bajar al recinto y desactivar la ofensiva opositora.

La estrategia incluyó un movimiento clave: acordar la convocatoria a la comisión de Asuntos Constitucionales para el próximo martes 30, donde se tratarán los mismos expedientes vinculados a Adorni. Ese gesto permitió al oficialismo descomprimir la presión política inmediata y, al mismo tiempo, controlar los tiempos del debate parlamentario.

De hecho, el oficialismo no solo logró evitar la sesión, sino también reencuadrar el conflicto en el ámbito de las comisiones, donde no existen plazos estrictos para dictaminar y la discusión puede dilatarse en el tiempo. Desde la oposición, el objetivo era otro: forzar el tratamiento sobre tablas de la interpelación o, en su defecto, emplazar a las comisiones con un cronograma urgente que obligara a dictaminar en plazos perentorios.

Pero el movimiento no prosperó. Dentro del recinto, los 117 presentes reflejaron un mapa político heterogéneo: la mayoría de Unión por la Patria, el Frente de Izquierda, la Coalición Cívica, sectores de Provincias Unidas, legisladores sueltos como Miguel Pichetto, Marcela Pagano y Karina Banfi, además de algunas presencias inesperadas que generaron ruido interno en sus propios bloques. La ausencia, en cambio, fue tan significativa como las presencias. No dieron quórum el PRO, la UCR, el MID y la mayor parte de Innovación Federal, alineados en distintos grados con la decisión de evitar una sesión que consideraban ya sin sentido tras la apertura del debate en comisión.

También se registraron ausencias llamativas dentro del universo opositor, como la de Gisela Scaglia y otros legisladores vinculados al gobernador santafesino Maximiliano Pullaro, además de Nicolás Massot, cuyo faltazo no fue explicado públicamente. Una vez caída la sesión, el clima en el recinto se tensó aún más. Los diputados que permanecieron comenzaron las expresiones en minoría con duras críticas a los bloques que facilitaron el resultado.

Desde el Frente de Izquierda, Nicolás del Caño apuntó directamente contra los ausentes y denunció lo que consideró una protección política al jefe de Gabinete: “no alcanzaron las propiedades, no alcanzaron los pendrives, los flippers, las sábanas de 8 millones de pesos, todos los viajes que salieron a la luz para que las diputadas y diputados de los bloques del PRO, de la UCR, de LLA, Innovación Federal” dieran quórum. En la misma línea, agregó: “Acá hay una complicidad muy clara con Manuel Adorni, porque esta sesión tenía un objetivo muy claro que era avanzar con una moción de censura”.

El jefe del bloque de Unión por la Patria, Germán Martínez, también cargó contra el oficialismo y sus aliados, recordando declaraciones previas de esos espacios sobre las irregularidades patrimoniales del funcionario: “Se dice una cosa en las redes y se hace otra cosa en el recinto. No es que esto no tiene costo. La totalidad del Congreso argentino y esta Cámara de Diputados sí paga costos”. Y profundizó: “Tenemos un gobierno con una gran crisis política alrededor de este tema”.

Desde el Frente de Izquierda, Néstor Pitrola fue aún más directo: “los que no están acá hoy son cómplices del delincuente, porque lo de la citación a comisiones es una maniobra para garantizar la complicidad”. También hubo críticas hacia dentro de la oposición dialoguista. El diputado Pablo Juliano cuestionó con dureza las ausencias del radicalismo y de sectores aliados: “Si vos te hacés llamar radical, tenés que estar acá… ¿Qué te dieron para no venir? ¿Qué te entregaron? ¿Qué precio estás pagando?”.

En paralelo, Marcela Pagano sostuvo que la sesión buscaba “levantar la vara moral de este país” y acusó a legisladores de presentarse como opositores en los medios pero no sostener esa postura en el recinto: “Algunos que entraron conmigo decían que ‘no avalamos el afano’ y hoy no están acá. Son cómplices de la corrupción”. Del lado del oficialismo y sus aliados, la justificación se centró en un argumento reglamentario: la sesión perdió sentido porque el tema ya fue derivado a comisión.

Bajo esa lógica, la interpelación debía seguir su curso institucional antes de llegar al recinto. Sin embargo, persiste una discusión de fondo sobre la interpretación del artículo 101 de la Constitución. Parte de la oposición sostiene que el mecanismo es operativo y permite tratar la interpelación directamente en el recinto, mientras que el oficialismo defiende la necesidad de su paso previo por comisiones o su aprobación por mayorías especiales.

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