Los juegos de naipes no solo entretienen sino que también ponen en marcha funciones como la memoria, la atención y el razonamiento.
Tal vez no juguemos habitualmente a las cartas, pero una reunión familiar o con amigos, puede ser un buen momento para jugar al truco o, incluso, a los juegos que muchos conocemos desde niños, como la escoba de quince o el chinchón que nos enseñaban nuestros abuelos.
Las cartas no solo ofrecen juegos variados, sino también múltiples virtudes desde el punto de vista neurológico: el doctor Javier Camiña, neurólogo de la Sociedad Española de la especialidad (SEN), detalló las funciones cerebrales que se activan con esta actividad:
- La memoria de trabajo, al recordar qué cartas han salido y qué estrategia se está siguiendo.
- La atención sostenida y dividida, es decir, seguir el juego propio mientras se vigila el de los demás.
- La función ejecutiva: planear jugadas, anticipar consecuencias y adaptar la estrategia sobre la marcha.
- El razonamiento lógico.
Asimismo, según subraya el experto, un beneficio fundamental deriva del procesamiento social y emocional: “Leer las reacciones de los demás jugadores, adaptar nuestras emociones a los momentos de la partida y tomar decisiones desde una posición de incertidumbre es una combinación de diversos dominios cognitivos en actividad simultánea que convierte a los juegos de cartas en un estímulo cerebral muy atractivo”.
Qué ocurre en los adultos mayores
Por otra parte, el neurólogo hace referencia a diversos estudios poblacionales, especialmente en personas mayores, que demuestran que quienes juegan a las cartas o a otros juegos de mesa como el ajedrez con cierta regularidad presentan un menor riesgo de desarrollar demencia respecto a quienes no realizan este tipo de actividad.

“Hemos visto que, en personas mayores sanas, la participación de manera habitual en juegos de cartas favorece mantener las funciones cognitivas conservadas durante más tiempo”, señala y es que la regularidad en el juego contribuye a mantener la llamada “reserva cognitiva”: la repetición de las partidas propicia una mayor eficiencia y robustez en las redes neuronales implicadas en las tareas referidas.
Aunque los juegos de azar y los que exigen mayor estrategia comparten beneficios relacionados con el procesamiento emocional y la participación social, cada uno tiene ventajas concretas. De acuerdo con Camiña:
- Los juegos de azar estimulan aspectos como la anticipación y la atención.
- Aquellos que implican planificación, como el mus, la brisca o el bridge, desarrollan la memoria de trabajo: procesan una mayor información sobre la participación propia y ajena y obligan a la adaptación rápida de la estrategia en la partida.
Camiña reconoce que el beneficio social es, probablemente, el más infravalorado de esta actividad. “El aislamiento social y la soledad son factores de riesgo bien documentados para el deterioro cognitivo y para el desarrollo de demencia. Compartir una partida de cartas genera contacto social habitual, refuerza vínculos afectivos, proporciona una sensación de pertenencia y ofrece una oportunidad de disfrute”, expresó.
