A 163 años de su fallecimiento, la Secretaría de Cultura evoca la figura de Miguel Cané (padre), abogado, periodista y escritor que integró la Generación del 37 y contribuyó al desarrollo del pensamiento liberal, el periodismo y la literatura argentina durante el siglo XIX.
Cada 5 de julio se recuerda el fallecimiento de Miguel Toribio Cané, uno de los intelectuales que marcaron los primeros años de la literatura y el periodismo argentinos.
Abogado, escritor y periodista, desarrolló una intensa actividad política y cultural durante la primera mitad del siglo XIX, integrando la llamada Generación del 37, un grupo de jóvenes que impulsó profundas transformaciones en el pensamiento nacional y mantuvo oposición al gobierno de Juan Manuel de Rosas.
Nacido el 26 de abril de 1812 en San Pedro, provincia de Buenos Aires, cursó sus estudios en el Colegio de Ciencias Morales, donde forjó una estrecha amistad con Juan Bautista Alberdi. Desde muy joven participó en espacios de debate intelectual, como la Asociación de Estudios Históricos y Sociales y el Salón Literario de Marcos Sastre.
Tras obtener el título de abogado en 1835, partió hacia Montevideo. Allí ejerció su profesión, pero también encontró en el periodismo una herramienta para intervenir en la vida pública. Fundó junto a Andrés Lamas el periódico El Iniciador y colaboró en diversas publicaciones rioplatenses, desde las que sostuvo una activa defensa de las ideas liberales.
La muerte de su primera esposa lo llevó a emprender un viaje por Europa, experiencia que amplió su formación intelectual y dejó huellas en su producción literaria. De regreso al Río de la Plata, volvió a participar de la vida política luego de la caída de Rosas y, años más tarde, fundó junto a Nicolás Avellaneda el periódico El Comercio del Plata.

En el terreno de la literatura, Cané fue considerado uno de los pioneros de la novela argentina. Entre sus principales obras se destacan Esther, de fuerte contenido autobiográfico, además de En el tren y La Familia de Sconner, junto con relatos, poesías y otros textos que contribuyeron al desarrollo de la narrativa nacional en sus primeras etapas.
Su hijo, el escritor Miguel Cané, autor de Juvenilia, llegó a reconocer la importancia de esa producción como un antecedente fundamental de la literatura argentina.
Miguel Cané falleció el 5 de julio de 1863 en la ciudad bonaerense de Mercedes, a los 51 años.
